MARK KNOPFLER Y LA BANDA SONORA DE NUESTRAS VIDAS

Artículo escrito por Ángel Miguel, y publicado en La Nueva España, el lunes 29 de julio de 2013, con motivo del concierto de Mark Knopfler en Gijón.

Ver el artículo original en la web de La Nueva España

Reflexión del líder de «Real Straits», el «grupo tributo» que hace versiones de Knopfler

553314_10200393366181921_1966320919_nCorría el año 1986, y el que suscribe no podía pensar entonces, ni de lejos, que algún día tendría que redactar estas líneas… Diferente era la escuela entonces, sin duda, y el resultado de llegar a casa sin terminar de copiar los deberes del encerado hacía temer consecuencias casi catastróficas al día siguiente. Sin embargo, ver en la televisión a un tipo con una cinta en la cabeza, tocando una guitarra roja, hizo que me olvidara de todo, y supuso una verdadera catarsis, un antes y después en mi vida, una constante que llega hasta este mismo momento en el que escribo.

En vez de completar mis tareas le pregunté a mi hermano, y supe que se llamaba Mark Knopfler, que la canción se titulaba «So far away», y que el concierto era del año anterior, en un lugar llamado Wembley Arena, presentando el disco titulado «Brothers in arms». A partir de ese momento decidí convertirme en músico, y surgió una verdadera historia de amor que llega hasta el presente, de esas en las que parece que nunca se va a perder la pasión de los primeros momentos.

Así podría comenzar una autobiografía desde que tengo uso de razón, acompañada siempre de la música de un autor inigualable en creatividad y sensibilidad. Y es que Mark Knopfler, a golpe de elegancia y medio tiempo, con unas canciones eternas y un estilo distinguible en una sola nota, ha escrito una de las páginas más importantes y vitales de nuestra música popular, además de componer la auténtica banda sonora de nuestras vidas.

Pero ¿cómo expresar las emociones que Knopfler despierta en todos aquellos que amamos su música? Yo no supe el verdadero significado de esto hasta que me vi al frente de «Real Straits» (nuestro grupo tributo a «Dire Straits»), y toda la banda experimentamos que aquello era mucho más que reunirnos ocasionalmente para disfrutar de tocar juntos. La infinidad de mensajes recibidos tras los conciertos constituían un verdadero acopio de emociones, que denotaba que aquellas canciones eran mucho más que canciones; eran y son auténtica vida…

Con todo ello podemos imaginar lo que supone, para todos los que podemos suscribir estas palabras, la visita de Mark Knopfler a Gijón. Desde el 96 no había pisado tierras asturianas, pero estoy seguro de que muchos de vosotros, al igual que yo, lo habéis visto en las anteriores giras. Y es que, mal que les pese a algunos, su carrera en solitario es ya más extensa en años y discos que la de los propios «Dire Straits». Por eso, tras el concierto habrá una doble corriente de opinión: la de los decepcionados, porque su objetivo era volver a escuchar y ver el concierto de los «Dire Straits» de agosto de 1992 en El Molinón, y la de los que vamos a disfrutar de un artista exquisito, que tuvo la honestidad y coherencia de dar carpetazo a su megabanda de rock en el momento justo y necesario, comenzar una travesía donde confluyen rock, blues, country y música tradicional escocesa e irlandesa, surcando el río Tyne, su Mississippi particular. Estos últimos no lamentaremos que en la actual gira no se puedan contar ni con los dedos de una mano las canciones de «Dire Straits» incluidas en el repertorio.

Porque el tiempo despierta al tiempo, y aquel tipo con guitarra roja, pero ya sin cinta en la cabeza, vuelve a nuestra casa a presentarnos el doble disco «Privateering», a continuar ocupando un lugar de privilegio en nuestros recuerdos, y a seguir siendo la banda sonora de nuestras vidas…, para siempre y por siempre.

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